En escritura.
Sofía Castañón (Gijón, 1983) nació una tarde de noviembre con cementerios abarrotados, ha dirigido varios videoclips, odia la vainilla, forma parte del grupo literario Versativa, en 2006 ganó el VII Premio Astragal con la instalación artística
El Desafío, aprendió a caminar muy pronto y se tatuó en el pie derecho una de las pocas verdades que importan, lleva junto al realizador y artista Juan Tizón la productora audiovisual Señor Paraguas, ha publicado el poemario
Animales Interiores (Trabe, 2007) con el que ganó el Premio Asturias Joven de Poesía el año anterior, convive con una gata que se llama Poe y un gato del que prefiere no hablar, ha colaborado en La Nueva España, El Súmmum, Diagonal, Hesperya, Lata de Zinc, La corriente alterna, 20minutos y otros medios de prensa escrita, se considera una persona dispersa, forma parte de la compañía Atodaprisa Teatro, dio clases particulares una vez y no le gustó, es fan confesa de Rafael Reig, Fernando Marías y Jose Carlos Somoza, ha ganado la última edición del Concurso de Vídeos Musicales del Principado de Asturias, tiene nociones básicas de esgrima, algún día llegará a ser licenciada -su cuenta corriente opina que cuanto antes mejor-, trabajó detrás de una barra y aprendió a echar cervezas, ganó el Premio a Mejor Actriz de AHA en 2004 por
Mujerhartas,sabe que la música no es lo suyo pero cuando canta lo hace sin complejos, junto con Juan Tizón realizaron durante dos años el programa de cultura
Señalados que emitía Teleasturias y ahí aprendió que esta región no está muerta porque la cultura aquí tiene mucha vida, tiene vértigo, con 12 años dirigió un programa de radio que tenía
Quasevol nit pot sortir el sol de Sisa de sintonía, fue reportera en TLG y Localia, pasa los ratos muertos en
Mundo inconoclasta, le mola
Madame Bovary, las pelis de M.Night Shyamalan y Van Morrison, ha dirigido los dos primeros capítulos de la serie
Asturias de Cine para la Filmoteca de Asturias, vive junto al mar y sabe que es una suerte, recientemente ha ganado el I Premio Pablo García Baena con el poemario
Últimas cartas a Kansas, todo lo bueno lo ha aprendido de la gente a la que quiere, y de las cosas malas también cree que se puede aprender.